Calendario | Foro de la AEEA | Noticias | Galería de Fotos | Canal YouTube | Area Privada

Las “búsquedas” de la Esgrima con Armas Antiguas

Imagen de Alberto Bomprezzi

 

 

A modo de introducción lo primero que hay que entender es algo muy general y obvio pero de gran importancia: la Esgrima no es un combate real sino una simulación de un combate. En cuanto simulación, resulta necesario definir los objetivos que se persiguen, porque de ellos saldrá un tipo de práctica u otra, pudiendo ser muy distintas si los objetivos son distintos.  

Como norma general hay dos planteamientos posibles dentro de los que se engloban, otros más concretos pero que o miran hacia uno u otro lado.

  1. La búsqueda del realismo emocional
  2. La búsqueda de la práctica pura en función del contenido de los tratados

La búsqueda del realismo emocional

En el primer caso se intenta buscar formas de práctica que permitan tirar con mucha fuerza y velocidad, asumiendo que es más “real”.  Esta idea en su formulación absoluta es falsa, pero estanos planteando los extremos, porque ambos deben ser evitados.

Por ello, por motivos de seguridad, suele haber dos tendencias, la primera que tiende a aligerar las armas, la segunda que busca protecciones más rígidas y ambas obviamente se combinan.

Esta tendencia degenera en la práctica hacia desplazamientos con saltitos, botando en el suelo, ataques en carrera o flecha fulminantes y tiende claramente hacia el Deporte, ya que se establecen reglas para valorar que es tocado y se intenta que sean objetivas  - imposible -.  El tocado y la derrota son medios para crear en el tirador “miedo a perder”

Lo positivo de esta tendencia es que al ser típica de grupos que dan una importancia extrema a los torneos, someten a los tiradores a cierto nivel de estrés emocional que es estimulante y al que hay que aprender a sobreponerse. En lo negativo está que como ninguna regla puede simular la realidad, los tiradores se adaptan enseguida a las reglas y la práctica acaba siendo muy irreal yendo a la búsqueda del punto ganador y no de la propia supervivencia personal.

La búsqueda de la práctica “pura” en función del contenido de los tratados

En el segundo caso, la búsqueda de las acciones puras y limpias, sobre todo a partir de los tratados, lleva al esgrimidor a desechar excesivamente acciones efectivas, que aunque a veces puedan ser arriesgadas, son perfectamente válidas si se sabe elegir el tiempo y las circunstancias en que se ejecutan. Este planteamiento llevado al extremo conduce hacia prácticas muy poco efectivas y que a la larga generan muy poca credibilidad centrándose más en las formas y posturas que en el desarrollo de una práctica integral.

Por la experiencia que tengo en estos temas creo que ambas posturas cuando se llevan tanto cerca de un extremo como de otro, conducen a caminos distintos del que yo entiendo debería ser una práctica marcial integral. Esta solo puede darse alcanzando un equilibrio adecuado entre efectividad práctica – es decir dar tocados sin recibirlos – y una correcto manejo del cuerpo, del arma, de los medios (distancia y angulación) y del conjunto del asalto.

En un caso se tenderá hacia los deportes de combate como el full contact o el boxeo, en otros hacia las artes marciales centradas en las formas como el kenjutsu o el tai chi.

La búsqueda del Equilibrio

Desde mi perspectiva, al ser imposible, replicar la realidad de forma absoluta es necesario desarrollar una postura ecléctica, es decir, que contenga en si misma ambas realidades, aun a sabiendas que lo que se haga no será nunca del todo “real”.

Para hacerlo, el esgrimidor debe antetodo ser humilde para no dejarse llevar durante el asalto por la necesidad de autoreconocimiento, tan humana, que normalmente le lleva a intentar tocar como sea, aunque el tocado sea de mala calidad y poco claro, y le exponga a recibir tocados del contrario. Porque esto es muy típico y lo he visto y lo evo constantemente: cuando el tirador A toca una dos o tres veces al tirador B este, sobre todo si no cree ser inferior a su oponente A, se tensa y normalmente ataca con más fuerza y sin esperar mucho, buscando más sorprender y acogotar que dominar su juego. ¿Es esto lógico? Más bien no, por lo menos si uno lo que busca es aprender a evitar que le maten. Lo que si sirve es para tocar, en el corto plazo, y sentir que se ha salvado la honrilla.  Pero desde el punto de vista del aprendizaje marcial es un suicidio ya que esta actitud solo suele funcionar, y no siempre contra tiradores menos experimentados que el atacante o poco concentrados. Pero a menudo frente a tiradores fríos y técnicos se recibe otro tocado aunque este sea doble, lo que no debería constituir motivo de satisfacción alguna.

Pero hay que tener cuidado, esto no significa que, no que haya que tener una fuerte determinación ofensiva, sino más bien aceptar con humildad que no puede estar por encima de la defensiva. Hay que buscar dar el tocado como medio para defenderse no como un medio de autosatisfacer el ego. Esto tiene un sentido claro si se sabe ver: ese equilibrio del que hablamos entre la elegancia formal y la efectividad práctica es algo que empieza en la vivencia colectiva, en la tradición viva, en la Practica honesta y sincera de muchas personas, cierto, pero es en el interior de cada uno donde en primer lugar se manifiesta esa honradez, esa búsqueda de una perfección que se nos escapa, y que aún así, a pesar de las dificultades, no abandonamos. Y como digo es una búsqueda, un ideal, un Grial esgrimistico, que no puede ser alcanzado nunca de forma completa porque la realidad absoluta no puede ser reproducida. Es por eso que es esencial ser humilde y juzgar tanto los tocados que se dan como los que se reciben de forma desapasionada, sin ser víctima del orgullo propio, y honesto para enfrentarse a uno mismo, a nuestros miedos, admitirlos, y sobreponernos a ellos, día a día, a pesar de saber que nunca se irán.

Como digo hay que buscar un equilibrio difícil porque el verdadero diestro se enfrenta a un desafío enorme, ser efectivo – es decir dar tocados claros, limpios y consistentes – sin recibirlos, jugando bien las armas con técnica, soltura y si es posible con elegancia. Ser efectivo no esté reñido con desarrollar un juego técnicamente correcto y elegante, igual que se puede ganar un campeonato del Mundo de fútbol jugando con clase, habilidad, tal y como España lo hizo en el 2010. Pretender que para ser efectivo hay que tirar tosca y brutalmente, dando golpes violentos, corriendo y saltando es una gran mentira, lo que no significa que haya que tirar blando. La esgrima puede ser dura y fuerte, pero no descontrolada, hay que saber encontrar el punto medio. Y retomando el símil deportivo futbolero así lo hizo la selección española de fútbol en el 2010, supo adaptarse, sufrió, pero su clase, su técnica estuvo ahí para, incluso frente al juego sucio de su rival en la final, darle la victoria. Toda Práctica, todo Arte, se eleva cuando se hace de forma hermosa aunque su contenido sea funcional.

Todo esto no es nada nuevo, sin embargo, en nuestro mundo materialista a menudo se tiende a menospreciar el análisis emocional pensando que lo importante es ser efectivo , entendiendo por esto tocar mucho sin prestar atención a que tocado se da ni al que se recibe, a la calidad de ese tocado, como si esto no tuviera importancia.  Como si esta búsqueda del control emocional y técnico estuviera contrapuesta a la efectividad en el asalto de esgrima.  No es así, al contrario la potencia. Cualquiera que me conozca sabe que yo vengo del mundo de la efectividad práctica, y que, en la Práctica, no enseño nada que no domine a un nivel muy alto – la perfección no existe – y cuya efectividad he verificado en miles de horas de asaltos libres con esgrimidores de todos los niveles en España y en el extranjero.  La Esgrima debe ser efectiva, si, forzosamente o no vale nada, pero también honesta y sincera, aceptando los límites inevitables que la realidad impone y que un hombre inteligente sabe reconocer: la Esgrima no es un combate real sino, un entrenamiento para un combate que, hoy en día por suerte, no tendremos nunca. Nada más, ni nada menos.

Aunque sobre esto volveré, el año que viene ¡Feliz Año!