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Vorschlag y Destreza (y III)

Imagen de Miguel Palacio

"¡Falaz, ignorante, loco y vano!
Que esas líneas, ángulos y planos
no son más que quimera, huero engaño
y no valen para espadas de dos manos"

Quizás, a estas alturas, se haya olvidado que originalmente estabamos hablando de la escuela de don Juan de Liechtenau. Es tiempo, pues, de que veamos qué tienen que ver las abtrusidades geométricas a las que me he abandonado con la marcial y viril advertencia de intentar acometer el primero a toda costa.

Lo primero que habría que establecer es si en las características morfológicas de la espada larga, y en las consideraciones que se desprenden de éstas, existen factores que invaliden o atenúen las consideraciones anteriores. Y lo cierto es que la ausencia de elementos protectores en la guarnición exceptuando, claro está, el arriaz, y su manejo con ambas manos afectan considerablemente al análisis de las consecuencias de ocupar el plano vertical primario.

La relativa ausencia de elementos protectores en la guarnición convierte al fuerte de la hoja en el principal elemento defensivo del arma, y para que éste sea efectivo como tal, debe de aplicarse formando ángulo con la hoja contraria. Esto tiene como consecuencia que en la postura de máximo alcance, es decir, con brazos y espada incluidos en el plano horizontal superior, la defensa proporcionada por el arma sea prácticamente nula, haciendo ineficiente tal postura: en lugar de la línea recta prescrita para la espada ropera, brazos y arma tienen que formar cierto ángulo (obtuso en la práctica totalidad de los casos) para que la hoja propia forme con la contraria ángulo suficiente para mantener, si fuera necesario, la sujección del arma contraria. Este ángulo entre brazos y espada multiplica, de la unicidad planteada para la espada ropera, hasta el infinito el número de trayectorias óptimas para tocar en el punto del paciente más cercano al agente.

Sin embargo, ni la circunstancia anteriormente descrita, ni la mayor eficiencia que presentan las armas de dos manos en las posiciones agudas (es decir, aquellas en las que la punta queda por debajo de las manos, siendo el tipo de ángulo que forman la línea vertical que pasa por el costado del tronco correspondiente al brazo dominante el que dá nombre a la posición), aunque invaliden la ocupación del plano horizontal superior como medio para obtener el máximo alcance práctico del arma, no anulan del todo los efectos de ocupar el plano vertical primario: si consideramos las posiciones posibles de máximo alcance práctico de la espada larga vemos que describen un cono, con la base formada por la circunferencia que describen las distintas posiciones de las manos y como vértice el punto de tocamiento. Sabemos que dicho cono describe infinitas posiciones de la hoja, pero también observamos que, para que cualquiera de estas oportunidades de ataque se realice en el menor tiempo posible, el eje de dicho cono deberá de estar contenido en el plano vertical primario. Luego, en el caso de la espada larga, con la ocupación del plano vertical primario con nuestra arma no se llega a negar al contrario todas sus trayectorias óptimas de ataque, sino sólo parte de ellas; sin embargo, nos colocamos en una posición central desde donde podremos acudir a interceptar con eficiencia cualquiera de las que ponga en ejecución, sin menoscabo alguno, no se nos olvide, de la ventaja ofensiva que generaba la ocupación del plano vertical primario.

Hay otro factor intrínseco a la espada larga que condiciona la ocupación del plano vertical primario, y es el hecho de que la guarnición deja expuestas las manos y, por tanto no es posible ocupar áquel en determinadas distancias sin que éstas se conviertan en un objetivo más próximo y seguro que el que se ha cubierto al ocupar el plano vertical primario. Por tanto, para que dicha ocupación cumpla con sus objetivos sólo ha de realizarse a partir de aquella distancia en la que es más ineficiente atacar a las manos y los brazos que a la cabeza, tronco y piernas.

En resumen: existe un plano vertical, llamado primario, definido por la posición de ambos contendientes, cuya ocupación proporciona ventaja objetiva tanto para la defensa como para la ofensa, pero que con la espada larga sólo se puede ocupar con eficacia a partir de determinada distancia. ¿Cómo explicaríamos ésto, y describiríamos una alternativa práctica para su ocupación con nuestra arma, si no dispusieramos de tales herramientas geométricas como son el concepto de plano y de línea recta, es decir, si Euclides no se encontrara entre nuestras lecturas habituales?

Con un golpe.

 

(Continuará)