¿Duelos legales en el Siglo de Oro?
Publicado: Jue Feb 21, 2008 6:05 pm
Hola a todos.
Leyendo otro hilo sobre el dolor como camino de aprendizaje («... con sangre entra»), Juanjo ha dicho una cosa que me ha dado que pensar. Es acerca de los la legalidad de los duelos.
Como mi formación académica en este sentido es nula y mi conocimiento de los duelos es fantasioso (literatura romántica, películas seudohistóricas, etc.), me ha asaltado la duda de si los duelos reglamentados en la España del Siglo de Oro, con ropera, entre gentes de honor, eran algo legal o, incluso real. A mí, personalmente, me da la sensación de que ciertamente los hubo, pero ignoro si se movían en una zona gris de la legislación, si existían ordenanzas al respecto o, simplemente, estaban prohibidos y había que hacerlos a escondidas.
Acaso las autoridades hacían la vista gorda porque quien más, quien menos, seguro que algún duelo tendría (no hablo de peleas de cantina o de emboscadas y ajustes de cuentas ajenos a la honra, que esas las hay ahora también).
Por otra parte, soy recién conocedor de que existían leyes que prohibían un empleo —digamos— perverso de las armas y que procuraban que la ropera se utilizase sólo en la defensa personal, que no es lo mismo que concertar un duelo en el sentido estricto de la palabra (fuera à pleasance o à outrance). Tales leyes, por ejemplo, llegaron a limitar la longitud de la hoja, a prohibir que las roperas tuvieran puntas agudas, que estuviesen demasiado afiladas, que las vainas careciesen de conteras, que si se llevaba un arma, ésta quedase a la vista (sobre todo si era una daga), etc.
Ojo, no estoy hablando de esgrima clásica en la que soy más analfabeto —si cabe— (y en absoluto me enorgullezco de tal laguna, todo lo contrario), sino de la del Siglo de Oro; aunque, si se tercia, estaría encantado de aprender del maestro Von Moss y compañía. De hecho, he de confesar que lo poco que he visto de la esgrima clásica me parece la sublimación de la esgrima civil, al menos, la que se practica con armas auténticas, y que no necesariamente han de acabar en desgracia, pues para eso se hace entre caballeros.
Leyendo otro hilo sobre el dolor como camino de aprendizaje («... con sangre entra»), Juanjo ha dicho una cosa que me ha dado que pensar. Es acerca de los la legalidad de los duelos.
Como mi formación académica en este sentido es nula y mi conocimiento de los duelos es fantasioso (literatura romántica, películas seudohistóricas, etc.), me ha asaltado la duda de si los duelos reglamentados en la España del Siglo de Oro, con ropera, entre gentes de honor, eran algo legal o, incluso real. A mí, personalmente, me da la sensación de que ciertamente los hubo, pero ignoro si se movían en una zona gris de la legislación, si existían ordenanzas al respecto o, simplemente, estaban prohibidos y había que hacerlos a escondidas.
Acaso las autoridades hacían la vista gorda porque quien más, quien menos, seguro que algún duelo tendría (no hablo de peleas de cantina o de emboscadas y ajustes de cuentas ajenos a la honra, que esas las hay ahora también).
Por otra parte, soy recién conocedor de que existían leyes que prohibían un empleo —digamos— perverso de las armas y que procuraban que la ropera se utilizase sólo en la defensa personal, que no es lo mismo que concertar un duelo en el sentido estricto de la palabra (fuera à pleasance o à outrance). Tales leyes, por ejemplo, llegaron a limitar la longitud de la hoja, a prohibir que las roperas tuvieran puntas agudas, que estuviesen demasiado afiladas, que las vainas careciesen de conteras, que si se llevaba un arma, ésta quedase a la vista (sobre todo si era una daga), etc.
Ojo, no estoy hablando de esgrima clásica en la que soy más analfabeto —si cabe— (y en absoluto me enorgullezco de tal laguna, todo lo contrario), sino de la del Siglo de Oro; aunque, si se tercia, estaría encantado de aprender del maestro Von Moss y compañía. De hecho, he de confesar que lo poco que he visto de la esgrima clásica me parece la sublimación de la esgrima civil, al menos, la que se practica con armas auténticas, y que no necesariamente han de acabar en desgracia, pues para eso se hace entre caballeros.