Svivomilo escribió:Quiero decir que mover un sable militar como el que ponía como ejemplo (el mío: modelo 1822 francés, 1150 gramos de peso, punto de equilibrio a 14cm. de la guarda ) inentando mantener la guarda delante de ti protegiéndote se convierte en un “el hombre propone y Dios dispone”.
Bueno, creo que a estas alturas de la película todos tenemos claro que hay sables y sables, y que un modelo tan pesado y curvado como puede ser el 1815 para tropa de Caballería español, con sus 1300gr no se manejará con la misma soltura que el 1857 para oficialidad de marina, menos curvo y más ligero (800gr) Los teneis los dos
aqui
Está claro que un sable como el francés de 1822 o el español del 1815 están optimizados para su uso a caballo, donde entre otras cosas, el movimiento de corte se hace con todo el brazo, y como ha dicho Svivomilo, el cuello del caballo condiciona bastante las técnicas. No son armas diseñadas con el combate a pie en mente.
Pero si pueden ser efectivas: el principio es que si tiene que bajar algo, que sea la hoja y no la mano: una opción son las combinaciones de tajo-revés-tajo, otra son las guardias colgantes interior y exterior. Esta claro que el 1822 francés va a ser más dificil de "sujetar" que, por ejemplo, el 1857 de marina española o cualquier sable de infantería, pero creo que bien manejado puede llegar a ser competente.
También es cierto que la tendencia a partir de mediados del XIX es a aligerar los sables.
Svivomilo escribió:¿No estarás condicionado en este caso por el uso del tajo y el revés en “ropera” o en punta y corte? Leí el libro de Liborio Vendrell hace tiempo y lo tengo bastante olvidado pero no recuerdo nada al respecto, en cambio sí recuerdo unas guardias bastante amplias, , necesarias a mi entender para parar con efectividad los golpes contrarios.
Con respecto a lo primero, mis fuentes principales son unas horillas de backsword con Paul MacDonald y Stephen Kilbane, y una clase de sable militar con Gareth Hunt e Ian McIntyre, todos ellos gentuza de pro (de las de buen beber, tu ya sabes

), escotos ellos y conocedores de sus armas, sobre todo el señor MacDonald, así que espero no estar muy condicionado por el tajo de ropera: efectivamente, la diferencia de pesos y equilibrios es más que notable.
Y en cuanto a la apertura de las guardias, pues depende de con qué las compares. Efectivamente son más abiertas (en determinados casos) que en la ropera ya que tienen que parar golpes más contudentes, pero por ejemplo las guardias bajas interior y exterior no son mucho más abiertas que una guardia de ropera... y definitvamente más cerradas que una Posta di falcone o una posta di coda lunga.
Svivomilo escribió:En cuanto a la técnica a emplear, pues podría ser la contraria: el que espera se expone, sobre todo ante un arma más manejable como pueda ser la ropera. Al tirador de ropera puede convenirle provocar y jugar al contraataque aprovechando un relativo mayor alcance de su arma y al sablista puede interesarle ganar distancia, dejar la punta contraria atrás y usar el filo en corto. Ahí si que pienso que depende de los tiradores.
Hombre, siempre depende de los tiradores. Además, estamos diciendo básicamente lo mismo. Está claro que lo más seguro para cada uno es dejar el arma del contrario más o menos fuera de juego, y entendemos un nivel tal que las acciones de primera intención no suelan entrar. ¿Cual es la opción del "roperero"? Aprovecharse de la agilidad y el alcance de su arma para amagar/fintar/atacar por un lado y al producirse la parada, librar y lanzar estocada (p.e. una estocada de puño) contando conque el arma contraria es lo suficientemente lenta para llegar a la segunda parada. ¿Y la del sablista? Pues no le queda otra que acercarse, cosa que, entiendo, tendrá que hacer con la ropera sujeta: una buena oportunidad será cuando el "roperero" amarge el ataque demasiado a fondo. Pero vamos, que es un poco la típica discusión "tu haces tal y entonces yo te hago pascual, si pero entonces yo te hago etc, etc."
Yo te puedo contar lo que he visto: a los maestros Paul McDonald (backsword) y Andrea Lupo Sinclair (ropera) combatiendo cada uno con su arma: MacDonald en guardia exterior y Sinclair fuera de su alcance, lanzando unas estocadas muy comedidas, algunas de ellas al antebrazo, de éstas alguna tan leve que MacDonald ni se molestó en pararlas. No recuerdo muchos tocados definitivos (al fin y al cabo, los dos son maestros y entre bomberos no se pisan las mangueras... tu me entiendes), pero yo diría que la ventaja fué para McDonald, claro que a lo mejor es porque me cae más simpático

.
Nahual con Machete escribió: Y asumo esto pensando que los sables "pre-deportivos" o clasicos van mas por ese rumbo que los de caballeria. Seran sables mas balanceados y rectos, con mayor uso de la punta pero con menos capacidad de corte ¿no? (como el Hutton). ¿podemos decir entonces que los sables curvos son menos utiles a pie que a caballo?
Si has visto la paginilla que he puesto, y los enlaces sobre los sables y las espadas de la caballería española, habrás observado que:
-Los sables de finales del XIX se parecen mucho al Hutton, y también eran de caballería.
-La caballería usa mucho la espada/sable o el sable recto, que se usaba principalmente para cargar con la punta por delante y una vez trabado el combate, punta y corte según convenga.
Con respecto a los sables de duelo, he leido u oido decir por ahí (que no me acuerdo donde, vaya) que eran menos peligrosos para duelos a primera sangre, y que algunos iban sin punta. Las estocadas suelen ir al tronco y cara (al bulto, vamos), donde pueden resultar mortales aunque no fuese esa la intención, mientras que un tajo a la muñeca o el antebrazo es una manera bastante inicua de salir de un lance de honor.
Tambien está que a Svivomilo no le falta razón en cuanto a la relativa tosquedad de los sables de caballería de principios del XIX. Siendo arma de militares, y de militares tan picajosos con su imagen como son húsares, dragones, cazadores, etc. (ensaladas de alamares, charreteras y doraditos varios: que algunos parencían toreros, leche), seguro que muchos tiraron del arma reglamentaria para resover sus asuntillos: de ahí a empezar a aligerar el sable para hacerlo más manejable va un paso.
Jodó, que chapa me he marcado. Que no se os indigeste
